Los recuerdos bien quemados.

18 de abril de 2017.

He quemado todos mis diarios porque me niego a recordar lo que un día fue y ya no. Me niego a dejar que todo ese dolor oscuro y agrio se mantenga en mi retina una vez tras otra hasta que mi pecho ya no aguante más. Á. prendió las hojas que yo arrancaba y convertía en bolas. Bolas de papel, llenas de tinta y recuerdos, llenas de sentimientos, de alegría y de ganas de marchar que ahora son solo cenizas. La portada de mi diario azul del 2010 sigue todavía intacta, y me da rabia no haber visto como se quemaba y desaparecía poco a poco igual que lo hizo el resto.

A veces es importante el miedo, sentirlo, palparlo, para darte cuenta de todas las cosas que dejaste de hacer en su momento, todo lo que aguantaste y permitiste que pasara solo por no hacer daño a los demás. El dolor que tragas es el dolor que evitas que los demás sientan, aunque se lo merezcan. Y ahora todo duele el doble, muchísimo más que en 2010, muchísimo más que antes y de lo que dolerá después. Duele porque las verdades duelen, porque arrasar con todo duele, porque querer vivir duele.